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Relaciones en la empresa: ¿Qué es el Love Index Interno?

Relaciones en la empresa: ¿Qué es el Love Index Interno?

Con el auxilio de esta herramienta, tu empresa tendrá un diagnóstico afectivo de sus colaboradores

Cuida de la harmonía del equipo. Mantra III de Hotmart

No sé si ya conocías el Love Index, ese sistema de análisis basado en métricas que evalúa el grado de satisfacción que los consumidores tienen con relación a una empresa o producto.

Pues bien, partiendo de este concepto, un día me vino a la mente una pregunta: 

¿Sería posible crear un sistema parecido pero para abordar el tema “amor” dentro de la empresa? Y en caso afirmativo, ¿para qué?

Seamos sinceros, hoy en día esta palabra, “amor”, es seguramente una de las más incómodas a usar en un contexto empresarial. 

PERO, por ejemplo, piensa por un instante en los siguientes escenarios: 

¿Por qué se desintegran los equipos de trabajo (o ni siquiera llegan a integrarse nunca…)? 

¿Por qué en una empresa puede darse un flujo de funcionarios talentosos y bien pagados queriendo huir desesperadamente de ella? 

¿Por qué los líderes desarrollan conductas despóticas? 

¿Por qué los colegas de trabajo conductas maquiavélicas?… 

Muchos de estos casos llegan a producir impactos enormes tanto en el sentido humano como en el económico y si los analizamos de cerca inevitablemente llegamos a la conclusión de que el núcleo del problema está en esta palabra incómoda: “amor”. 

¿Por qué sería así? Pues porque una empresa no es otra cosa que una microsociedad humana y el amor es la mayor necesidad, la más básica y real, de cada ser humano.

Así, vamos a hablar hoy de psicología, y, dentro de ella, a abordar su tema más candente, el amor, que exploraremos mediante dos grupos de argumentos: 

En uno, vamos a ver cómo se expresa el amor, sí, en el ámbito de las relaciones en la empresa, ocupándonos del amor fraterno y del amor a las obras materiales que el ser humano crea (en nuestro caso, la empresa en sí y los frutos del trabajo).

Aunque también notarás que en muchos momentos el discurso camina más allá del contexto laboral para alcanzar ideas que son prácticamente de ámbito universal. 

No vamos a tocar aquí tipos de amor como el de pareja, el de padres e hijos, etc., porque abordarlos excedería los límites de este artículo — agradezco anticipadamente tu comprensión. 

En el otro te presentaré el Love Index Interno, herramienta de análisis de mi autoría y que te permitirá generar, sobre la base de métricas, un mapa de las interacciones entre, por ejemplo, líderes y liderados, entre pares, y las de todos ellos en relación a la empresa como organismo social. 

Lo que inicialmente entendíamos como Love Index, lo vamos a denominar a partir de ahora en este artículo Love Index Externo (amor entre la empresa y las personas ajenas a ella), para poder contraponerlo a este otro nuevo concepto de Love Index Interno.

Como te he comentado hace un momento, en distintos puntos del artículo se abordan ideas de la psicología que van mucho más allá del contexto empresarial en sí.

Si bien no dejarán de tener una importancia máxima a la hora de entender lo que luego pasa en específico dentro de las empresas.

Y, bueno, vamos allá…

Índice
Dos fuerzas básicas: Amor y Odio La herramienta: Love Index Interno El inconsciente y la sombra personal El prejuicio El chivo expiatorio La quiebra de la esperanza en el ser humano y la orientación al mal Entiendo, pero entonces, ¿cómo se puede lidiar con los comportamientos destructivos? La solución compasiva

Dos fuerzas básicas: Amor y Odio

Empezaremos con una descripción lo más genérica posible sobre las dos fuerzas mayores que rigen la afectividad de las personas:

  • El AMOR, que tiene que ver con todo lo que significa crear, estructuración de la realidad, manifestación de fuerza (fuerza verdadera), conexión positiva del individuo con los otros y con su medio, y, en resumen, vida.
  • El ODIO, que tiene que ver con todo lo que significa destruir, disolver la estructura, manifestación de fragilidad (que puede y suele aparecer como falsa fuerza), incapacidad de conexión positiva del individuo con los otros y con su medio, y, en resumen, muerte.

El odio depende del amor para existir, pues no se puede destruir lo que no ha sido creado, no se puede romper el vínculo que no se formó, no se puede desintegrar una estructura que antes no se estructuró, no se puede matar algo que antes no estuvo vivo.

Y siendo más específicos, en un contexto como el de las relaciones en ese micromundo que es la empresa:

  • En el caso de los líderes, el amor se expresa en el empeño con que se dedican a la creación de su obra, la compañía. 

El empresario (verdaderamente) amoroso la quiere nutrir, verla crecer, verla saludable, contemplando tanto a las personas que hay en ella como a sus estructuras y objetos inanimados, viéndola como un todo social.

Incluso, los mejores líderes van más allá de ello, buscan expandir la influencia de lo bueno que hay en su empresa fuera de los límites físicos de esta: a su ciudad, a su país, al mundo.  

  • En el caso de los funcionarios y trabajadores la dinámica es bien parecida. 

El impulso afectivo se extiende a las relaciones que en la empresa se dan entre sus pares, hacia sus líderes, hacia el fruto del propio trabajo y también a la compañía como un todo.

Observación: La relación entre líderes con orientación despótica y sus subordinados no ha de ser considerada aquí porque se basa en otra dinámica, la del miedo y el odio, no en la del amor.

La herramienta: Love Index Interno

Esta herramienta, que podríamos llamar de “diagnóstico afectivo”, se basa en 4 características fundamentales que describen el amor y que fueron identificadas por una de las mayores figuras de la psicología del siglo XX, el psicólogo alemán Erich Fromm, quien escribió ampliamente sobre el asunto.

Según Fromm, el amor, del tipo que sea, implica:

Cuidado

Cuando uno ama algo o a alguien lo cuida, trabaja para hacerlo crecer. El amor implica una preocupación activa por la vida, por el crecimiento y la protección de lo que amamos.

Ahora, ese cuidar, ese nutrir, no se limita, claro, a dar cosas materiales. 

Cuando el dar está conducido por el amor, uno da principalmente lo que está vivo en uno mismo: su alegría, su conocimiento, su tristeza, su interés, su comprensión, etc. 

Y algo fascinante que el amor también tiene es que, cuando uno lo da, la energía del receptor se incrementa, permitiéndole también adquirir la capacidad de ser dador. 

Así, del mismo modo que el odio produce odio, el amor produce amor.

Responsabilidad

Significa estar dispuesto a responder a las necesidades de otro ser humano, y es un acto voluntario. 

Cuando te sientes responsable de cuidar de una persona, por ejemplo, su vida no es solo asunto suyo, te importa a ti también. 

Así, la madre es responsable de atender las necesidades de su hijo; entre adultos, uno atiende las necesidades afectivas de la otra persona, etc.

Respeto

La responsabilidad aislada puede corromperse y convertirse en deseo de dominación o posesión, y el respeto es lo que le pone límites a esto.

Significa ver al otro tal y como es y respetar su índole a todos los niveles, su integridad física, emocional, ideológica y espiritual.

Pero respetar no es lo mismo que tolerar abusos. 

¿Dónde, pues, se encuentran los límites adecuados entre la buena libertad y el abuso de la libertad? 

La propuesta más universal que podemos encontrar con relación al respeto es el “no le hagas al prójimo lo que no quieras para ti mismo” (idea presente en la mayoría de las culturas).

O si se quiere llevar la acción al menor nivel de restricción posible, se trataría por lo menos de acatar el sistema jurídico del lugar donde uno vive.

Conocimiento

Para poder amar a alguien uno ha de conocerlo mínimamente, y de manera mínimamente objetiva. 

No se puede cuidar, hacerse responsable y respetar adecuadamente a otra persona si no se la conoce, si no se entiende su índole, sus necesidades, deseos, dolores, fortalezas y  flaquezas.

En el lado opuesto de esto tenemos el narcisismo, que significa, en esencia, asignarle a los otros y al mundo entero apenas la función de satisfacer los propios apetitos.

Implica ver la realidad de una manera distorsionada, a través de una subjetividad que lo refiere todo a uno mismo. 

Así, el narcisismo es esencialmente un no ver al otro, es lo opuesto del conocimiento objetivo del otro.

Conocer también implica aquella vieja frase del “Conócete a ti mismo”, pues sin hacerlo mínimamente tampoco es posible tener gran dominio de la propia acción a la hora de interactuar con el resto de los seres humanos.

Estos cuatro elementos, Cuidado, Responsabilidad, Respeto y Conocimiento, son interdependientes y se dan en el individuo psicológicamente sano y maduro, que no es otro que aquel que le da importancia a vivir por el amor y la razón, a respetar la vida —la propia y la del prójimo—, y que tiene percepción exterior e interior, objetiva y subjetiva.

La herramienta del Love Index Interno funciona de un modo muy simple, consiste apenas en que le asignes un número entre 0 y 10 a cada uno de los cuatro valores.

Esto generará un gráfico que te ayudará a ver con claridad el estado de las relaciones no solo con las personas de tu empresa que desees, sino con cualquiera fuera de ella. 

El análisis puede hacerse en todas las direcciones. 

Puedes preguntarte cómo estás actuando tú con relación a otra u otras personas, o cómo otras personas están actuando con relación a ti. 

La otra persona puede ser una organización entera, tu empresa, por ejemplo.

Puedes comparar los resultados de análisis aplicados a distintas personas, a distintas empresas en las que trabajaste. 

Hacer el análisis incluso con relación a ti mismo (¿cómo tú mismo te estás cuidando, haciéndote responsable de tus acciones, respetando y conociendo?).

Para acceder a la herramienta basta con hacer clic en la imagen a continuación, si bien, antes de entrar en ella te recomiendo vivamente que lleves la lectura hasta el final del artículo, pues lo que sigue te permitirá después hacer un análisis muuuucho más provechoso.

Entonces…

El inconsciente y la sombra personal

Ya hemos identificado los 4 factores fundamentales que permiten el desarrollo del amor, pero, ¿con saber eso ya basta para tener relaciones humanas satisfactorias, en la empresa o fuera de ella? Mmmm… me temo que no.

Lo que hemos visto hasta ahora son cosas que a nivel consciente son relativamente fáciles de observar y ejercitar. Pero luego, bueno, el ser humano es un animal complejo y, hay más… hay más…

Algo también nuclear a considerar a la hora de conocer y dirigir la conducta es la parte inconsciente de nuestra personalidad, ya que, si por ejemplo viéramos al ser humano como un iceberg, la parte consciente sería apenas la que está fuera del agua.

Y dentro del inconsciente existe una zona que otro famoso psicólogo, el suizo Carl Gustav Jung, llamó “sombra personal”. ¿Que qué es eso? Te lo explico:

Cuando experimentamos una emoción, idea o sensación que no nos gusta, uno de los mecanismos naturales que nuestra mente tiene para lidiar con ello es lo que se llama “mecanismo de represión”. 

Esto es, que nuestro cerebro toma esa experiencia psíquica desagradable y la traslada a nuestro inconsciente, de modo que nuestro yo consciente deja de notarla.

Pero esa emoción, idea o sensación no se desintegra en la nada, se compone de un tipo de energía que precisamente se llama “energía psíquica”—, y como es algo concreto, que está ahí, va a manifestarse de diferentes maneras y en diferentes momentos, influyendo en nuestra conducta. 

Para que veas que esto no es solo teoría, te explico ahora varias maneras que la sombra personal tiene de manifestarse:

  • Aparece bajo la forma de figuras amenazadoras en los sueños, ya se trate de personas criminales, espíritus, animales (reales o fantásticos), etc. 

¿Sabes aquel sueño donde a uno lo persigue un monstruo? Pues aquí tienes el tipo de sueño más típico de manifestación de la sombra.

  • Se manifiesta a través de síntomas psicosomáticos de todo tipo.

También se ha observado que existe una relación directa entre determinados síntomas físicos y mentales y determinadas emociones reprimidas. 

Por ejemplo, el estrés reprimido se puede expresar psicosomáticamente como un dolor de cabeza, de espalda, de estómago, etc.

  • Se manifiesta a través de reacciones violentas incontroladas.

Además, cuanto mayores son nuestros esfuerzos conscientes para no aceptar la existencia de esos contenidos psíquicos, mayor es el peligro de que luego se manifiesten de manera indeseable.

Cuando la agresividad que viene de la sombra personal se manifiesta a través de la conducta, puede darse de dos maneras:

  • En forma de violencia explosiva.
  • Mediante comentarios agresivos que se expresan suavemente, pero que son sutilmente venenosos.

Un ejemplo de relación de conflicto en la empresa que expresa esto: 

Un funcionario hipotético, Juan, siente antipatía por otro, Pedro, pero como a Juan mismo no le gusta sentirla, la reprime. 

Un día, Pedro le hace una pequeña broma, algo leve, sin malicia, y Juan, sin quererlo conscientemente, le da una respuesta furiosa, de una intensidad totalmente innecesaria.

  • Por último, la sombra personal se manifiesta a través del mecanismo llamado “proyección psicológica”.

La proyección psicológica se da cuando un individuo, a la hora de evaluar las características de otro, proyecta sobre el segundo contenidos inconscientes propios.

Así, por ejemplo, una persona muy avara y que no tiene consciencia de su propia avaricia podrá ver a otra como “la persona más avara del mundo”, sin necesidad de que la segunda lo sea necesariamente.

El prejuicio

Uno de los contextos donde el mecanismo de la proyección psicológica se activa es en el comportamiento prejuicioso.

Lo que se ve desde fuera en una persona que manifiesta una conducta prejuiciosa es agresividad, pero en el nivel más profundo la emoción básica que se proyecta es esta:

El miedo al otro

También suele activarse aquí un segundo mecanismo de defensa psicológica que se denomina “transferencia”, mediante el cual se transfieren las características de un objeto a otro. 

Por ejemplo, una persona es seriamente insultada en una discusión de tránsito y cuando llega a casa le da una patada al perro, como si este fuera el responsable de su sentimiento de frustración.

Otra expresión del mismo fenómeno se da cuando se transfieren las características de la parte al todo.

Ejemplo de ello puede ser el de un individuo que en alguna ocasión fue engañado por algún vendedor y que, a partir de un determinado momento, pasa a opinar que todos los vendedores son deshonestos.

Por otro lado, tampoco hay que confundir estos hechos con la realidad obvia que existen determinadas tendencias de comportamiento asociadas a determinados grupos humanos.

Si decimos que la gente de tal ciudad cocina muy bien (afirmación, ya de entrada, subjetiva), eso puede revelar una tendencia real, esa ciudad puede haber ganado fama por la calidad de su cocina y disponer de numerosos cocineros con premios internacionales, pero si somos plenamente objetivos no habrá cómo negar que apenas una parte de esos ciudadanos cocinará muy bien.

Todo esto se convierte en un problema realmente serio cuando alguien es tratado de manera hostil sin otro motivo que pertenecer, por ejemplo, a tal o cual grupo humano, a presentar tal característica física, a vestir de tal manera, etc. 

En tales casos, será altamente probable que esté actuando alguno de los dos mecanismos citados aquí, o ambos a la vez.

Y no podemos olvidar que la posibilidad del comportamiento prejuicioso está, al menos potencialmente y en mayor o menor medida, en cada persona, simplemente porque fenómenos como el miedo, la sombra personal, la proyección o la transferencia forman parte del ser humano en sí.

El chivo expiatorio

El fenómeno del chivo expiatorio, esto es, cuando un grupo entero dirige su hostilidad hacia un individuo inocente, se ve propiciado cuando dicho grupo, por las razones que sea, alcanza altos niveles de ansiedad. 

Los mecanismos que aquí se activan también son los de la proyección de la sombra y la transferencia. 

Esta acción conjunta se debe a que se produce un contagio mimético de los impulsos hostiles, combinándose el deseo de integración al grupo por parte de sus miembros con una fuerte necesidad de liberar agresividad acumulada.

Así, cada miembro siente que dar rienda suelta a la agresión es legítimo porque ello es aprobado por el grupo.

Cuando un individuo o pocos individuos influyentes eligen a una víctima, el resto del grupo se va uniendo a la acción hostil, lo que culmina con la expulsión o la muerte (a veces figurada y a veces literal) de la persona objeto de la hostilidad.

Algo también digno de mencionar es que una parte de los individuos del grupo va incluso a tener consciencia de que esa agresión no es algo justo ni bueno, pero no se van a manifestar por miedo a represalias.

El momento de la agresión, o si lo quieres decir de otra manera, del “sacrificio” de la víctima, produce una fuerte sensación de alivio colectivo, una gran descarga de la ansiedad, lo que hace que el fenómeno se vaya repitiendo en el futuro conforme nuevos picos de ansiedad colectiva se vayan alcanzando.

En el contexto de las relaciones en la empresa esto es algo que también puede verse esporádicamente, claro.

Entonces, si te ves inmerso en un escenario de este tipo y tienes consciencia de lo que está pasando a un nivel psicológico profundo, la batalla podrá estar medio vencida, porque ello te permitirá realizar las debidas acciones preventivas, tanto si eres el receptor de las hostilidades como si no. 

La quiebra de la esperanza en el ser humano y la orientación al mal

Si tomáramos la ciudad con mayor índice de criminalidad del mundo e hiciéramos un censo de las personas con historial delictivo, veríamos que, en realidad, su porcentaje de población criminal sería una gran minoría.

Esto ya sirve para afirmar que la tendencia más natural del ser humano no es orientarse a la muerte, a la acción destructiva, sino a la vida, y a la vida en común además.

Si no nos someten a una vida de amarguras extremas, nuestra tendencia natural en la mayoría de los casos es orientarnos a la acción creadora y a la generación de vínculos positivos.

Pero, vamos a la pregunta: ¿por qué se desarrolla la violencia?

En principio, la violencia sería uno de los varios comportamientos que pueden asociarse a las dos siguientes categorías de impulsos:

Los instintos

Que existen para ayudar al ser humano a resolver sus necesidades fisiológicas, siendo parte de ellos todas manifestaciones de violencia como reacción de defensa, que solo se activan cuando existe una amenaza sobre los intereses vitales de la persona y se desactivan cuando la amenaza termina.

Las pasiones 

Ya sean positivas o negativas, están condicionadas por el carácter, que se construye mediante las interacciones con el medio ambiente, y son soluciones a las necesidades existenciales del individuo. 

Esto es, necesidades del tipo: “generar obras”, “producir un efecto (positivo o no) sobre algo”, “vivir con intensidad y fuerza”, “generar vínculos”, “tener una vida digna de vivirse”, etc.

Si redujéramos las necesidades existenciales del ser humano a dos, las más importantes, serían estas:

  • Tener una vida con sentido.
  • Amor (vínculos afectivos reales).

Además, estas pasiones ejercen tanta influencia sobre la conducta que muchas veces superan en importancia a las necesidades biológicas básicas (alimento, techo, salud, etc.). 

Algunos ejemplos de ello: 

Existen personas con las necesidades básicas bien resueltas que pueden llegar a suicidarse por amor, por perder un estatus social privilegiado, etc. 

Otro ejemplo, ahora positivo: 

Un médico puede adoptar como misión de vida trabajar en una cárcel, uno de los peores ambientes posibles, y con ello sentirse plenamente realizado.

La más peligrosa de las pasiones es la que el mismo Fromm denomina como “agresión maligna”, que es aquella donde se da la destructividad sin motivo social ni biológico. Se trata de un destruir con crueldad, y su ejecutor siente placer cuando destruye.

Este tipo de comportamientos se desarrolla, básicamente, cuando por diversos motivos el individuo no pudo satisfacer su voluntad originaria de amar y crear.

Así, es el caso de aquel que viendo la obra creadora de otro, ante la frustración de no conseguir hacer lo mismo, decide destruirla; el de aquel que no consiguiendo amar a otra persona, decide aniquilarla; el de aquel que para tener una vida intensa, “digna de vivirse”, abraza una causa que produce muerte, etc.

También algo importante a decir sobre este tipo de conductas es que la satisfacción que producen es algo siempre fugaz. 

En ellas las sensaciones de liberación de ansiedad, de placer o de calma son algo momentáneo. 

Al ejecutarlas, el agresor hiere y es a la vez herido, porque lo único que le puede dar al ser humano verdadera satisfacción vital, verdadera paz, una verdadera vida digna de vivirse, con sentido, es la orientación amorosa.

Por otra parte, los casos extremos de agresión maligna no suelen darse de la noche a la mañana, lo común es que se llegue a ellos mediante un proceso que combina un camino de experiencias altamente traumáticas con una cadena de decisiones orientadas al mal, y cuyo resultado último es la quiebra de la esperanza en el ser humano y en la vida.

Vamos a poner un ejemplo que puede servir como patrón básico: el proceso de formación de un ladrón profesional.

Siendo joven tiene su integridad ética intacta, pero un día se ve en una situación en la que tiene la opción de cometer o no un pequeño robo. Ahí, toma la decisión de ejecutarlo.

Le gusta la experiencia, tendrá la posibilidad de repetirla o no, y opta por repetirla.

Con los primeros éxitos su confianza y habilidad aumentan, y va realizando robos cada vez más graves.

En su barrio, podría optar por juntarse con amigos honestos, pero se junta con otros ladrones.

Ya está viviendo en un ambiente de criminales, que progresivamente lo va introduciendo en un camino donde los actos violentos son cada vez más frecuentes y peores, hasta que se convierten en algo “natural” para él.

Pasa por la cárcel, donde termina de endurecerse psicológicamente, donde los últimos vestigios de aprecio por la vida humana son aniquilados, y entra a formar parte de un grupo criminal donde quien intenta dejarlo es asesinado.

Conforme más se avanza en un camino de este tipo, más difícil es para el individuo parar. 

El proceso de endurecimiento emocional, de crecimiento del odio y de pérdida de la esperanza en el ser humano son progresivos, hasta que volver atrás se convierte en algo de una dificultad extrema, a veces imposible.

Las pasiones, tanto las orientadas a la vida como a la muerte, son intentos de la persona para que su vida tenga un sentido, intentos de ir más allá de una existencia vacía, ocupada solo en satisfacer las necesidades biológicas primarias.

Así, un cambio de personalidad real solo es posible si la persona encuentra una nueva manera de darle sentido a su vida, una nueva manera de vivir más satisfactoria que la anterior.

Si no, el cambio de orientación no se produce. Es por ello que, por ejemplo, las cárceles no consiguen redimir a muchos de sus presos. 

Muchos de ellos incluso tienen claro que con su manera de vivir van a morir jóvenes y de manera violenta, y no la dejan porque no supieron, pudieron o quisieron adoptar otra. 

El caso de un criminal profesional es algo extremo, pero el mismo patrón bien podría aplicarse a historias menos drásticas, como las que pueden darse el contexto de las relaciones dentro de la empresa.

Por ejemplo, el caso del jefe que desarrolla conductas despóticas no es otro que el de alguien que también perdió la esperanza y la confianza en el ser humano.

Después de una serie de experiencias traumáticas, pudo haber llegado a la conclusión, quien sabe, de que sus empleados “son como animales y como animales hay que tratarlos”.

Con el típico funcionario con “perfil maquiavélico”, que trama, manipula, adula o destruye de acuerdo con sus intereses, pasaría lo mismo.

Lo que hay detrás de todo esto no es sino una profunda carga de miedo, desorientación vital y pérdida de fe en el ser humano.

Entiendo, pero entonces, ¿cómo se puede lidiar con los comportamientos destructivos?

Resulta obvio decirlo, pero nunca está de más recordarlo: que cada persona es un ser complejo, capaz de actos nobles e innobles, con fortalezas y debilidades, que todos tenemos que lidiar con las fuerzas que emanan de nosotros, tanto las creativas como las destructivas, durante toda la vida.

Siguen pues, algunas ideas que pueden ayudarnos en la difícil pero apasionante tarea de abordar esta complejidad:

Nuestros contenidos psíquicos circulan entre la mente consciente e inconsciente y ejercen presión sobre ambos sistemas

Así, los contenidos inconscientes que pueden causarnos daño a nosotros o a otras personas ven su violencia reducida cuando son traídos al nivel consciente. Y al contrario, la resistencia a reconocerlos provoca mayor presión. 

Cuando mediante un ejercicio de autoanálisis y valentía uno reconoce conscientemente un sentimiento que estaba reprimido en la sombra personal, la presión psíquica en el inconsciente se reduce y ese sentimiento pierde su violencia, de modo que deja de manifestarse de manera drástica e incontrolada.

Lo que hacen las terapias psicoanalíticas es básicamente esto: 

Mediante la reflexión y el autoanálisis, traer a la consciencia contenidos psíquicos que estaban reprimidos en el inconsciente. Y la persona se harmoniza.

Los estados mentales negativos son estados de desequilibrio, de fragilidad

Ya sea de manera momentánea o prolongada, si estás colérico, envidioso, arrogante, codicioso, etc., estás fuera de tu centro emocional, estás débil.

Dar salida a los impulsos negativos sin hacer daño a los demás

Ni que decir que la mayoría de la gente no tiene acceso a algo como un buen psicoanalista, pero existen toda una serie de soluciones más simples que les pueden dar salida a los impulsos negativos de manera no destructiva. 

El primer paso es siempre reconocer que el impulso está ahí, decirse a sí mismo: de acuerdo, estoy sintiendo enfado, envidia, arrogancia, etc.

La energía agresiva puede descargarse mediante actividades artísticas o deportivas, o en un contexto laboral también puede usarse como “combustible” para hacer avanzar el propio trabajo con más potencia y competencia.

Si, por ejemplo, sientes que en el trabajo estás en un ambiente hostil, esforzarte por ser lo más ético y competente posible va a multiplicar tu capacidad de negociación, tanto con relación a tus pares como con tus superiores, y es lo que te va a facilitar más encontrar vías de solución.

Si estando en uno de esos ambientes no trabajas bien ni tratas a la gente bien, te lo digo con todas las letras: serás presa fácil.

Y si, dado el caso, no puedes evitar pasar por algún momento de furia causado por alguna relación con alguien en la empresa, haz lo que sea para que esa persona no se vea impactada por ella. 

Por ejemplo, en ese momento puedes exteriorizar la agresividad del modo que quieras pero en un momento en que estés solo, aunque a la hora de conversar con dicha persona, lo adecuado será que estés con la cabeza en su lugar para conseguir hacerlo de manera tranquila, para poder apagar el fuego y no ponerle más leña.

En resumen, se trata de transformar la energía de los propios impulsos destructivos orientándola a alguna actividad constructiva o que no dañe a otros, principalmente si llegan a ser tan fuertes que uno ni sepa lo que hacer con ellos.

Usa un libro de notas

Toma un cuaderno en blanco y úsalo para escribir todo aquello que te parezca importante. 

Algunos ejemplos de contenidos:

  • Ideas que te ayuden a lidiar con situaciones complejas.
  • Describir situaciones o posibilidades de solución de un problema difícil, ya que poner las cosas sobre el papel ayuda fantásticamente a organizar la mente, principalmente si estás confuso.
  • Sueños que te parezcan especialmente relevantes —si te animas a aprender a analizarlos— o que sientas que te enseñan algo importante.
  • Cosas que sientes. En el caso de las emociones negativas, esto también te servirá muy bien para liberar la presión psicológica.

Además de escribir en un momento de necesidad presente, textos que escribiste en el pasado y que ya te ayudaron a superar obstáculos importantes te van a ser nuevamente de enorme ayuda.

Con el tiempo, este libro de notas se convertirá en un excelente auxilio para conducirte por la vida, pues en momentos difíciles podrás recurrir a él como apoyo emocional. 

Será como una roca en la que puedes refugiarte cuando viene una inundación, definiéndose como un espacio de libertad e independencia mental único, solo tuyo (y por estar en el papel, imposible de hackear).

La solución compasiva

Por último, cabe apostar por la solución compasiva como medio de máximo valor para estimular la conducta amorosa, así como para prevenir y disolver el conflicto.

La compasión es, básicamente, la participación en el sufrimiento del otro. Se da en el momento en el que uno reconoce ese sufrimiento y, sin pensarlo, sin considerar la propia seguridad, sin considerar castigos o recompensas, actúa para aliviarlo.

Algo que ayuda en gran manera a desarrollar la empatía necesaria para querer llevar la orientación compasiva a la práctica es uno mismo haber sufrido, estamos hablando de la idea del “no quiero que otros sufran como yo sufrí”. 

Si bien, con esto no quiero decir en absoluto que haya que buscar deliberadamente el sufrimiento. Masoquismo no, gracias. Muchas veces la vida ya te ofrece impactos de sobra sin tener que mover un dedo para buscarlos…

Por otro lado, la compasión llevada a su grado máximo se expresa en la otra idea de “amar a los enemigos”, posiblemente una de las cosas más difíciles de hacer para cualquier ser humano. 

Ahora, ¿cómo se hace para llegar (o por lo menos aproximarse en algo) a eso?

Siguen algunas ideas:

Empieza a ser posible cuando la persona ya ha practicado mínimamente algún ejercicio para conocerse a sí misma

Perdón, ya sé que me repito con esto, pero es importante, porque si uno no lo hace, cuando vea las malas acciones del otro, existirán buenas posibilidades de que proyecte su propia sombra personal sobre él y, sintiéndose la persona más pura del mundo, vea al otro como un demonio. 

Otra de las facetas de la autoexploración: permite reconocer que los malos sentimientos que el otro pueda experimentar, uno tampoco está libre de sentirlos. 

Que, por ejemplo, si el otro es agresivo, mentiroso, envidioso, etc., uno también, al menos en algún momento, ya fue agresivo, ya mintió y ya envidió. 

Que el “barro humano” está en todos. Y que por detrás de una persona que agrede no hay otra cosa que fragilidad, angustia y miedo, pues quien está fuerte y en paz no necesita agredir.

Recordar aquella frase de Gandhi: “Ojo por ojo y el mundo acabará ciego”

Esto es que, por ejemplo, para que una espiral de violencia acabe, alguien tiene que parar de herir.

Ejercitar el perdón

Sobre el tema del perdón podemos considerar en primer lugar que, cuando no sucede, cuando el rencor, la amargura y el deseo de venganza se van acumulando y acumulando, uno de los efectos que fácilmente se producen es el del “violador violado”.

Esto es, que con el tiempo, el agredido reproduce la conducta del agresor pero de manera más intensa aún. Se impone la postura del “como yo sufrí, quiero que los otros sufran más que yo”. 

Los desastrosos efectos de ello los podemos ver cada día en nuestro mundo.

Aunque, ¿hay algo más difícil que perdonar al que te hizo o te hace sufrir? 

¿Hay algo más difícil que perdonarse, que ser compasivo, sí, con uno mismo, con la propia sombra personal, con las propias fragilidades? (el ejercicio de perdón y compasión han de empezar dirigiéndose muchas veces hacia uno mismo).

Es posible que no, que no haya nada más difícil. Pero… tampoco nada más liberador.

La sensación de liberación, de alivio de carga dolorosa, que alguien siente cuando consigue perdonar al otro (o a uno mismo), es una de las experiencias más conmovedoras, más intensas en el sentido positivo, que cualquier ser humano pueda sentir.

Además, luchar con todas las fuerzas para llevar a la práctica esta orientación vital produce seres humanos que son justamente lo opuesto al caso del “violador violado”, pues incluso, o sobre todo, en quien sufrió tragedias de máxima intensidad, la postura que suele despertarse es la que ya hemos citado al comienzo de este punto: “no quiero que otros sufran como yo sufrí”.

En medio de un estado de conflicto, lo único que da paz auténtica es esto.

Por cierto, también es de aquí que surgen los grandes médicos, los grandes profesores, los grandes renovadores sociales, los grandes líderes éticos y espirituales, todos aquellos que verdaderamente tienen una orientación a la vida y cuya labor de construcción es verdaderamente amorosa, potente y perdurable.

La Carta de la compasión

Para terminar, quisiera citar aquí una iniciativa colectiva interesante para la toma de consciencia de este asunto: la Carta de la Compasión. 

Se trata de una declaración firmada por diversos líderes religiosos e importantes pensadores a nivel mundial, impulsada por la escritora británica y Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales Karen Armstrong, y que nos habla sobre la necesidad real y pragmática de tomarse en serio el tema de la compasión.

Sigue el texto:

“El principio de compasión permanece en el corazón de todas las tradiciones religiosas, éticas y espirituales, y siempre nos pide tratar a los otros como nos gustaría ser tratados. 

La compasión nos impulsa a trabajar sin cansancio para aliviar el sufrimiento de nuestros semejantes; nos motiva a dejar de lado el egoísmo y aprender a compartir, y nos pide honrar la inviolable santidad de cada ser humano, tratando a todos, sin excepción, con absoluta justicia, equidad y respeto.

Es además necesario en la vida pública y en la privada abstenerse de causar dolor de manera sistemática y categórica, actuar o hablar de manera violenta, obrar con mala intención, manejarse priorizando el interés personal, explotar o denegar los derechos básicos e incitar al odio denigrando a los otros aunque sean enemigos—. 

Actuar de manera contraria, implica negar nuestra humanidad. 

Reconocemos haber fallado en vivir con compasión y sabemos que también hay quien ha incrementado la miseria humana en nombre de la religión.

Por eso pedimos a hombres y mujeres restaurar la compasión en el centro de la moralidad y de la religión, volver al antiguo principio que afirma que cualquier interpretación de la escritura que incite a la violencia, al odio o al desprecio, es ilegítima; garantizar a los jóvenes una información positiva y respetuosa sobre otras tradiciones, religiones y culturas; estimular una positiva apreciación de la diversidad cultural y religiosa; cultivar una empatía consecuente con el sufrimiento de los seres humanos, hasta con aquellos que consideramos enemigos.

En nuestro mundo polarizado hay una necesidad urgente de transformar la compasión en una fuerza clara, luminosa y dinámica. 

Arraigada en la determinación de trascender el egoísmo, la compasión puede romper las fronteras políticas, dogmáticas, ideológicas y religiosas. 

Nacida de nuestra profunda interdependencia, la compasión es esencial para las relaciones humanas y para la realización de la humanidad. 

Es el camino hacia la claridad, indispensable para la creación de una economía justa y de una comunidad global y pacífica”.

Si te interesa continuar aprendiendo sobre conducta y relaciones en la empresa, tenemos algunos textos más que abordan el tema. Uno de ellos es este: ¿Cómo desarrollar tus relaciones interpersonales en 10 pasos?.

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